dimarts, 5 d’abril de 2011

La inflación en tiempos de crisis

José Miguel Sanz, director de la revista Consumidors. Delegado de la Unió de Consumidors del Vallès Occidental

 Qué difícil es entender la economía y sus indicadores. Parece indiferente si la inflación sube o baja, siempre será negativo. Cuando la inflación es negativa los datos del consumo descienden ya que las personas consumidoras esperamos que los productos bajen más sus precios. Pero el contrario, si es positiva, los problemas son para las familias que con los mismos ingresos deben llenar una bolsa de la compra cada día más cara.

Así ya podemos ver que la inflación está directamente relacionada con el consumo y también con los ingresos familiares. Y en relación a estos últimos existe un debate que podría marcar una gran inflexión en nuestro futuro más inmediato: los salarios deben estar ligados a la productividad como señalan algunos sectores, o tal y como sostienen los sindicatos en su tesis tradicional, deben hacerlo en relación a la inflación. ¿Quién tiene razón? Y sobre todo ¿cómo nos afecta?

La subida de precios nos obliga a cambiar nuestros hábitos de compra, especialmente los alimenticios y de ocio. Así, la competencia entre los productos se vuelve letal ya que el precio y la calidad definirán las preferencias a la hora de consumir. Las famosas “marcas blancas o de empresa” seguirán liderando, con más ventaja, el ranking de productos más vendidos ya que su calidad/precio las hacen muy competitivas. 

Otro fenómeno importante es el esfuerzo de algunas familias por buscar, mediante cooperativas de consumo, productos de proximidad sin intermediarios, consiguiendo ahorrar costes con una calidad destacable.

Sin embargo, nuestra sociedad vive una vorágine consumista muy agresiva que ha hecho del consumo nuestro estatus natural. En la actualidad hemos asumido como normales costes que anteriormente eran extraordinarios y vinculados, esencialmente, al mundo laboral. 

También con la generalización de la domiciliación bancaria hemos perdido la capacidad de observar nuestros gastos, dejando a los servicios profesionales de consumo toda la responsabilidad de la reclamación ante cualquier abuso, sin ser conscientes de nuestra propia responsabilidad. 

El precio de los servicios básicos ha subido más de un 50% en pocos años y, con la liberalización estos datos no tardarán en volver a subir. A todos estos datos negativos hemos de añadir uno más: el incremento de los precios no ha venido acompañado de un aumento de la calidad de los servicios.

En estos momentos de gran incertidumbre hay que destacar el trabajo colectivo que desde diferentes sectores se está realizando. Sindicatos, asociaciones vecinales y de consumidores han estado liderado diferentes plataformas con el fin de garantizar una bases sociales que protejan nuestras familias.



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