dimecres, 25 de novembre de 2009

Contra la violencia de género, desde los barrios


Por Raquel de la Vega Patín, Secretària tècnica de la Fundació CONFAVC i coordinadora del Programa de Mediadoras Sociales contra la Violencia de Género de la CONFAVC.
Muchas personas piensan que en pleno siglo XXI no es necesario hablar de la violencia de género: esta violencia que constantemente ejercen algunos hombres, algunos estados, sobre las vidas y los cuerpos de las mujeres. La sociedad patriarcal ha catalogado históricamente a las mujeres en un rango inferior en la escala de la humanidad. Seres inferiores, a quienes se les negaba la opción de decidir sobre sus vidas. Y esta realidad no es pretérita en el mundo. En España tampoco tenemos que viajar mucho en el pasado para darnos cuenta de cuánto estaban sometidas al poder masculino: durante al franquismo las mujeres no podían abrir una cuenta corriente, adquirir una vivienda, sin el consentimiento explícito de su padre o marido.
A pesar de todos estos impedimentos, atentados contra la libertad femenina, las mujeres siempre han encontrado un modo de expresarse, de continuar su lucha: desde las sufragistas del siglo XIX hasta hoy en día.
Desde el movimiento de bases, las mujeres también han tenido un papel decisivo: son las que han otorgado calidad y calidez a los barrios, las que reclamaban mejoras desde una visión integral: querían barrios con calidad, acogedores, con colegios, con espacios de ocio, centros cívicos, donde llegaran los transportes públicos. Es decir, barrios para vivir. Y de esta manera muchas dirigentes vecinales llevaron su lucha, junto con los hombres, para que los barrios fueran reflejos de sus deseos. A pesar que las mujeres en un principio no eran visibles en las juntas de las asociaciones vecinales, estaban en la consecución de los objetivos.
Después, poco a poco, se crearon las vocalías de mujeres, a partir de las cuales se planteaban y trabajaban los temas vinculados directamente con la salud y los problemas propios de las mujeres: se visibilizaron entonces sus luchas por el derecho al divorcio, al acceso de los métodos anticonceptivos, al aborto libre y gratuïto, a la necesidad de barrios con guarderías para las mujeres trabajadoras, etc.
Con respecto a la violencia machista, el movimiento vecinal lleva más de diez años trabajando por la sensibilización y la detección de la violencia que sufren las mujeres. La Confederació d’Asossiaciacions Veïnals de Catalunya (CONFAVC) lleva comprometida a esta lucha hace 10 años con el programa de mediadores sociales. Concretamente, desde hace un año está impulsando una formación de mediadoras sociales, partiendo de un enfoque feminista y dando protagonismo al trabajo en red y coordinado con los servicios sociales y otras entidades sociales, para que se cree una red de voluntarias que den asesoramiento a las mujeres que puedan encontrarse en una situación de padecimiento de malos tratos. Uno de los lugares en los que se está trabajando este programa es Reus. Cabe destacar que sin el compromiso y liderazgo de la federació vecinal de este municipio no se hubiera podido implementar este programa.
Y de lo cercano a lo lejano: sumada a esta iniciativa, también tenemos que alegrarnos que finalmente se condene por feminicidio a un estado, en este caso el de México. La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha condenado a México por el asesinato de 3 mujeres en Ciudad Juárez, a pesar que han sido asesinadas más de 400. Este juicio se debe a la demanda que la CIDH interpuso ante la Corte de la CIDH- institución judicial de la Organización de Estados Americanos (OEA)- contra México por no haber adoptado medidas de protección a las víctimas.
Estos ejemplos, el de Reus, el de México, el de las sufragistas del siglo XIX, el de las primeras pioneras que lanzaron sus demandas desde las vocalías de mujeres de las asociaciones vecinales, nos renuevan fuerzas para seguir luchando y persiguiendo tanto a los hombres que destruyen la vida de las mujeres como a los estados que no protegen a sus ciudadanas.

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